
“-Lágrimas?
-No, no son lágrimas...”
Recordé lo que necesitaba aquella vez para crear un personaje… Ficticio.
Ella la amaba a ella.
Lo recordé tan sólo porque ella me dijo que llevaba quince días llorando sin parar…
Has hecho bien- le dije.
Llorar es muy bueno… Pone los ojos brillantes.
Así como las mentiras de Margarite Gautier… Ponen los dientes blancos.
No soy quien para decirte que no llores…
Más bien, te voy a contar lo que me contaron de Dios.
Dicen que es maravilloso!
Cuando lloras, Dios te ve (Dios que lo ve todo),
Si… Ve el acto íntimo, privado y personal de tus lágrimas…
Luego... Toma una redoma (una cosa que no sé que es), y te las guarda y dice: “bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”.
Todo para decir éstas (a mí modo de ver), bonitas palabras…
No creo que nadie guarde tantas lágrimas como Dios en sus redomas.
Ahora entiendo por qué me gustaba oír el cuento de aquella mujer que vivía en un lejano País en donde las personas estaban tan ocupadas que nisiquiera tenían tiempo para llorar… Iban entonces a un lugar, a una especie de caja como en un banco y le daban a ésta detrás del mostrador, una lista con todas las cosas por las que tenían que llorar y no tenían tiempo…
No recuerdo cuál sería el fin de esa mujer o ese País...
Ni quisiera imaginármelo…
Ahora…
La Profesora de Alejandro lloraba todos los jueves en la tarde… Como a las tres. Igual que los ingleses toman el té a las cinco… Ella reservaba el día y la hora para llorar…
Y qué decir de Cortázar y sus “instrucciones para llorar”…
Por eso, te aconsejo que llores… No pares de llorar… Todo el mundo lo hace hasta el infame que te dice: “Ya deja de llorar!”
Dices que... No sabes por qué?
Búscate un pretexto.
Llorar pone los ojos brillantes y cada nueve de diez veces, por no decir todas, ocupa a Dios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario