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Comenzaré diciendo que tengo nombre de niño, (o ultimamente de peluquería) quizás porque soy el menor de mi familia y papá me confesó a la final que optó por ese nombre gracias al Apóstol Santiago "EL Menor". La edad? No me importa, ya que me tomé muy enserio eso de que "el tiempo no pasa sino que somos nosotros los que pasamos en el tiempo" lo que quiere decir que sino hay tiempo, no hay años ni demás y... no hay edad. Me gusta leer, unas veces buenos libros otras no, me gusta escribir, unas veces bien, otras no tanto. En fín ... sólo tengo la certeza de que la escritura empezó en mi vida, primero por burla y segundo por un mero instinto. Aunque la verdad, hubiera preferido seguir con lo primero. No es que crea que haya errado mi destino, no, aún guardo las esperanzas de volverlo a hacer. No quiero seguir hablando porque, (como se darán cuenta) no se qué es pero siempre quiero acabar... Además estoy convencido de que las cosas hablan en realidad por uno mismo, y yo soy experto en dejar que eso pase para en ocasiones evitar decir algo.

lunes, 25 de mayo de 2009

DEZHIR






















"Para los que creen en el vehículo de la imaginación".

Mi abuela paterna o diré mejor; mi madre de crianza, que murió de una extraña y desconocída enfermedad que no pienso contar. Me enseñó involuntariamente, algo para mí, considerablemente importante acerca del misterio de la imaginación.

En los últimos días (angustiosos días), de su enfermedad, la pasaba recostada en su viejo sofá a causa de lo molesto que le resultaba permanecer en su cama. Gran parte de la etapa final de su vida la transcurrió allí, en aquel sofá, cerca de su cama.
Era así como éste hacía las veces de su cama y su cama hacía las veces de éste para (por ahí derecho), recibir las visitas.

En las tardes (no todas, ya que tenía la afanosa edad de 17 años) Me recostaba en el sofá (cama de la abuela) y le veía dormir horas enteras en el sofá que era su cama.

Una vez (y es relamente de ésto de lo que quiero hablar), ella dormía como era costumbre.
Había caído inmersa en el sopor de uno de esos sueños que parecen imposible vencer o volver.
Yo, de alguna forma, vigilaba como un guardián de sueños, el pesado sueño de mi abuela y además con un poco de temor; puesto que no se tiene suficiente seguridad en tales circunstancias.

El hecho es que, después de nose cuánto tiempo, advertí que mi abuela había retornado de su sueño con la dificultad estrepitosa del aterrizaje de un avión.
Cuando pudo volver en sí y recobrar un poco de lúcidez, me contó íntimamente que había estado en un bonito lugar con "Mami" ( su madre), y sus hermanas, que no sabía exactamente qué había pasado, pero que por un momento todo había sido nítido y real, que creía de verdad haber estado en un lugar reunída felizmente con sus querídos y amados seres.

Yo creí. Creí fielmente su historia al pie de la letra. Creí que mi abuela había vivido ese momento, no importaba en que lugar. Exageré mi creencia e incluso creí que de haberlo querído, ella hubiera podido abandonarse a vivir por siempre lo que me contaba y no volver jamás, me lo confirmaban la asombrada expresión de su rostro y el timbre de su voz jadeante y sesante.

Desde aquel día, tuve una compresión más clara de los sueños y de la imaginación que es una forma de soñar despiertos , gracias a mi abuela.

Verán, a veces imagino que es un caluroso día de verano y estoy mirando desde afuera, a través de la la diáfana vitrina de un restaurante cercano a "Campos Eliseos" o de un lugar que genera el mismo sentimiento, a una mujer que está sola, en una mesa, rodeada de gente que siempre se ve alegre y esta bien.

Sé que ella ha estado mirando durante mucho tiempo la entrada. Al parecer, está esperando a que alguien venga. Con desgano, se manda el primer rollito que ha hecho lentamente con el trinche en su plato de
spaghetti. Mientras mastica, examina el vestido gris-plata que trae puesto. Es evidente que la han dejado plantada.

Yo creo que uno de éstos días mi imaginación me dará tanto como para entrar y decirle que "no se ve nada bien" , que "no espere más" que "es evidente que la han dejado plantada" o quizás, tanto como para entrar y recordar por fín, que es a mí a quien realmente espera, recordar su nombre, nuestra cita, darle un beso, tomar asiento, pedir otro plato adicional de spaghetti y olvidarme así, poco a poco de ustedes, de mi antigua vida y poder pertenecer libre y completamente sin pre-juicios, a mi nuevo sueño.















jueves, 14 de mayo de 2009

It's Time

Según ésto, tendría que poner a consideración la verosímilitud de las cartas que le entregaba. En la furtiva y clandestina hora en la que todos fuímos pueriles estudiantes de secundaria. Niños que jugaban a ser periodístas, amantes o dandis... y por fín! Poder descubrir la mejor mezcla entre el cuerpo y el alma y el Arte.

Ay! Entonces nos mentíste?

Porque ya no puedes engañarnos más, (al menos a mí). Que ya me dí cuenta que "los escritores mienten, aun los más sinceros". Y además sé, que más que eso, eres una Gautier. Y tú sabes de lo que estoy hablando. Y porque te tu-teo. Y porque ya no tengo rabia, ni celos. Y porque no pienso contárselo a nadie. No porque te importe; porque a tí nada te importa, (aparentemente) sino porque quise callar. Porque me dió la gana de callar. Porque por eso perdímos todos la cabeza.

Ay! Entonces nos mentíste?

Entonces las cosas se quedan así y ya!, se quedan así y ya! y no más!.

Para tu información yo tengo una prueba fe-haciente:
Él me llamó, (nose de dónde carajos sacó mi teléfono) el caso fue que me llamó. Cuando nos encontramos, era el mismo, pero distinto. No sé que tenía en los ojos. Me invitó a un café. Y me mostró las pastas blancas. Me contó de la Tramoya de su hermano para llevarlo al Hospital. Uno que queda en las antigüas casas de Prado. Sí, lo engañó con "irse a tomar unas cervezas". Qué patético! no?. Cómo sí las cosas fueran así de fácil.
Pasó interno 15 días y dos días después de salir, fue cuando me llamó.
A mí siempre tocándome la peor parte. Y no lo volví a ver.

Yo no te pienso volver a decir que recapacites. Yo nunca te he dicho eso. Pero... Es más... No te lo vuelvo a decir.

Pero ya son muchos! no crees?. Sólo por medio recordarte algunos:

El de las noches en el computador. El del amor falso. El de la acera de tu casa.
Y por variar, el mío; el de las cartas perdidas que ya nisiquiera me esfuerzo por encontrar.

Cuídate.