“A la mujer del metro le dije: Mira, soy humana; me miró a los ojos y me creyó”.
S. Plath.
Mientras siguen siendo materia de arte,
continúan siendo materia de placer.
Pertenecerán, una vez más, se unirán
en materia de autodestrucción.
Entonces… Si la felicidad depende del acelerador
antes que la muerte nos separe, nos una
y renazca de nuevo el amor,
ya sea en un frágil y húmedo mausoleo.
Al despertar, conoceré un corazón...
El tuyo más exactamente,
y me quedaré ciego a toda duda
y jamás dejaré de quererte a ti
y a todo tu corazón.
