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Comenzaré diciendo que tengo nombre de niño, (o ultimamente de peluquería) quizás porque soy el menor de mi familia y papá me confesó a la final que optó por ese nombre gracias al Apóstol Santiago "EL Menor". La edad? No me importa, ya que me tomé muy enserio eso de que "el tiempo no pasa sino que somos nosotros los que pasamos en el tiempo" lo que quiere decir que sino hay tiempo, no hay años ni demás y... no hay edad. Me gusta leer, unas veces buenos libros otras no, me gusta escribir, unas veces bien, otras no tanto. En fín ... sólo tengo la certeza de que la escritura empezó en mi vida, primero por burla y segundo por un mero instinto. Aunque la verdad, hubiera preferido seguir con lo primero. No es que crea que haya errado mi destino, no, aún guardo las esperanzas de volverlo a hacer. No quiero seguir hablando porque, (como se darán cuenta) no se qué es pero siempre quiero acabar... Además estoy convencido de que las cosas hablan en realidad por uno mismo, y yo soy experto en dejar que eso pase para en ocasiones evitar decir algo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

La Ex-cusa perfecta





"Porque Ricardo González sigue yendo a cine"
El Espectador (A.Caicedo) 


a mi Padre

y

a Ma'bro

 


Ultimamente, hago si no pensar en mis primeras idas a cine.

Mis primeras películas las disfruté al lado de mi padre, en el teatro "libia" y el "odeon de la ochenta". Dos de los rezagados teatros de la época que sobrevivieron a la catastrófica iconoclasta ciudad de Medellín. 

Recuerdo que dos de los películas que me vi frecuentando estos teatros fueron: el evagenlio según "forrest Gump" y "el último de los mohicanos". Eran "días azules", en los que la soledad no era evidente por la infancia apacible. 

Papá me contaba que en sus tiempos, en los teatros de la Medellín de los años setenta y ochenta (el teatro junín, teatro roma, teatro la victoria, teatro colombia, teatro lido,...) una veintena. Eran largas las filas de gente ávida por ver "el cine de calidad" y vanguardia. 

Decía, que si la película no tenía buena acogida entre los espectadores, éstos tenían el atrevimiento de tirar huevos, lechugas y tomates (que no se sabía de donde salían), a la pantalla. Pateaban las butacas, gritaban, chifliaban, reclamaban el valor de la boleta. Sufrían un ataque de locura.   

Siempre me imagino esa escena envuelta en una polvareda, el público de "destinitos fatales" de Andrés Caicedo, mucho rock and roll, heroína, abundante pelo, botas y ojos agotados.

Lo que más me gustaba del relato. Es decir, esto me gustaba, pero mucho mas... 

Es que cuando la película tenía buena receptiva, al final, la gente levantaba una ovación, estrepitosos aplausos con los que significaban que había sido una muy pero muy buena película. 

A veces, por temporadas, me ánimo a ir a uno que otro cineclub de la ciudad. Quizás en los tiempos en que más solo me encuentro porque "dónde mejor se práctica el ritmo de la soledad, es en los cines" y si que me ha tocado aprender a sabotear los cines. 

Unas veces, he querido hacer mis pataletas y otras, más que cualquier otra cosa en el mundo, he querido aplaudir con todas mis fuerzas.

Sé que inútilmente me he cohibido porque nadie conoce mi historia y por temor a quedar como el autista que todos saben. No existen lenguajes propios, a no ser del que quiera abandonarse al verdadero "elogio de la locura" y además, porque creo... Todavía no me toca el turno.   

Esta noche, ha sido distinto... Ha sido mi noche.

Sin darme cuenta, con un sin número de personas, he llegado a un consenso en un mismo escenario. 

Buster Keaton, "The General", en la interpretación del director ruso Guerassim Voroncov. Resultan ser mi excusa perfecta para reír, para llorar y participar de la "batalla final", no solo con mis duros y ruidosos aplausos sino sobretodo, sin la preocupación de que alguien pueda acusarme de estar padeciendo un antiguo ataque de locura.     








  

lunes, 10 de septiembre de 2012

conjunción

me siento mal.  quiero decir, con mal a voluntad. mala voluntad se conjuga: malevolencia.