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Comenzaré diciendo que tengo nombre de niño, (o ultimamente de peluquería) quizás porque soy el menor de mi familia y papá me confesó a la final que optó por ese nombre gracias al Apóstol Santiago "EL Menor". La edad? No me importa, ya que me tomé muy enserio eso de que "el tiempo no pasa sino que somos nosotros los que pasamos en el tiempo" lo que quiere decir que sino hay tiempo, no hay años ni demás y... no hay edad. Me gusta leer, unas veces buenos libros otras no, me gusta escribir, unas veces bien, otras no tanto. En fín ... sólo tengo la certeza de que la escritura empezó en mi vida, primero por burla y segundo por un mero instinto. Aunque la verdad, hubiera preferido seguir con lo primero. No es que crea que haya errado mi destino, no, aún guardo las esperanzas de volverlo a hacer. No quiero seguir hablando porque, (como se darán cuenta) no se qué es pero siempre quiero acabar... Además estoy convencido de que las cosas hablan en realidad por uno mismo, y yo soy experto en dejar que eso pase para en ocasiones evitar decir algo.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

HAGAMOS POLÍTICA JUNTOS

“Idiota: Del griego idiotez, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.”(F. Savater).

A medida que pasa el tiempo... Cada vez más, una vez más, me convenzo que esto de procurar ser abogado consiste en una palabra más o una palabra menos, puro “uso del lenguaje” como diría el crítico administrativista David Suárez. Por eso, amigo mío, tu argumentas que eres un ser “apolítico” y yo contrargumento que eres un ser apoliticamente “idiota”, ahora y cuanto más que transitamos por época de elecciones. Cero y van dos. La otra vez, la mejor de todas fue: “A mí me gusta el derecho pero no la política”. Cuando “derecho y poder son dos caras de una misma moneda” (Bobbio). Entiéndase poder, como poder político. Si desde la antigüedad, sabemos que no solo somos “Zoon” como son éstos últimos, sino que somos “Zoon” pero “ZoonPolitikon” (Animales Politicos), por naturaleza. Me preguntas qué si hago política. La respuesta es sí, todo el tiempo. Inevitable sería no sentir el furor del impulso transformador que se refleja en el ejercicio de la inteligencia humana a través de la fuerza de las ideas, los argumentos, las bellas artes bellas… Todo es político, tan político… Hasta lo que menos imaginámos: Un saludo, una oración, un difunto, un beso, un peso… Por eso, amigo mío, por eso y nada más que eso, tú tienes la firme convicción de que eres un ser “apolitico” y yo, la que realmente eres un ser apoliticamente “idiota”. Es decir, HACEMOS POLÍTICA JUNTOS y tú no lo sabes.

LIN_O ROSA II









































Es mejor disimular que no me gusta para nada esa canción, a los hombres hay que mantenerlos como paracaídas abiertos, para que crean que uno se sostiene por su peso sin vaivenes en el viento. Sí, ya ves que me gusta la canción. Me gusta desde aquel imprevisto. Más bien, desde el peldaño de la escalera… Te acuerdas? Nos miramos fijamente, menos de medio segundo. Tan tonta yo, no pude disimular, tuve que voltear la cara. Viste como volteé la cara? Claro que viste, si me viste?

Pero lo mejor fue el imprevisto. Ahí no hubo nada que disimular. Los parlantes tenían todo el volumen, la sala se inundó con esa canción que no me gusta para nada y tú no te percatabas. La verdad, me causó curiosidad, porque siempre había tenido esa misma perspectiva, de ponerme los audífonos y ver la gente pasar… La gente pasando a través de la música que tanto me gusta. Varias veces lo he hecho, sí, aislarme del mundo para dedicarme a la música. Aunque, no consista simplemente en aislarse, sino en que el mundo siga siendo mientras le pongo música.

Pero contigo era distinto, era otra la perspectiva, y quizás no lo haya advertido porque poco a poco he ido olvidando lo que aprendí de niña, que la vida es un caleidoscopio, en donde todo depende según lo mires. Ahora eras tú quien tenía los audífonos mientras yo estaba en el mundo oyendo tu música sin darte cuenta… La música que tú le ponías al mundo. Todos se miraron en la sala por esa canción que fue entrando len-ta-men-te sua-ve-men-te… No lo entendí al instante, porque no puedo negar que casi siempre llevo una melodía muy dentro de mí y esta vez, parecía la misma confusión sucedida entre realidad-ficción pero provocada por un trance entre ésta y tu canción.

Cuando desperté, me di cuenta que tenía algo que hacer, obviamente no podía disimular. No en ese momento. Tu canción era la botella que se quiebra en las fiestas nocturnas y que deja al descubierto la descarada embriaguez. Sin explicación a lo inevitable. Me acerqué a ti, estabas sentado con la infructuosa creencia de permanecer aislado del mundo… Te toqué, te toqué, te retoqué. “No puede ser el mundo tu canción aunque sea bonita la canción” te comenté, no disimulé. Me sonreíste, y luego te abstrajiste como si nada.

Una vez, terminó tu tiempo. Te fuiste y me quedé con el sinsabor en la garganta de no saber el nombre de tu canción. A lo mejor, no porque seas tímido, ya me lo has dicho, sino por pura ingratitud, por el intenso egoísmo que te produce la génesis de mi belleza exterior.

…Y ahora, que ha pasado tanto tiempo, que ya no te recuerdo, ni mucho menos tu canción, esa canción! Quieres que te diga que si? Directamente? Así de frente? Mejor disimular que para nada. Para nada me gusta tu canción. A los hombres no se les puede decir que si, de una vez, porque lo más seguro es que se van y no te aman. Por eso, mejor sigo disimulando que no me gusta para nada tu canción. Para nada, para nada!, no te recuerdo... A ti ni a tu canción.