
"Para los que creen en el vehículo de la imaginación".
Mi abuela paterna o diré mejor; mi madre de crianza, que murió de una extraña y desconocída enfermedad que no pienso contar. Me enseñó involuntariamente, algo para mí, considerablemente importante acerca del misterio de la imaginación.
En los últimos días (angustiosos días), de su enfermedad, la pasaba recostada en su viejo sofá a causa de lo molesto que le resultaba permanecer en su cama. Gran parte de la etapa final de su vida la transcurrió allí, en aquel sofá, cerca de su cama.
Era así como éste hacía las veces de su cama y su cama hacía las veces de éste para (por ahí derecho), recibir las visitas.
En las tardes (no todas, ya que tenía la afanosa edad de 17 años) Me recostaba en el sofá (cama de la abuela) y le veía dormir horas enteras en el sofá que era su cama.
Una vez (y es relamente de ésto de lo que quiero hablar), ella dormía como era costumbre.
Había caído inmersa en el sopor de uno de esos sueños que parecen imposible vencer o volver.
Yo, de alguna forma, vigilaba como un guardián de sueños, el pesado sueño de mi abuela y además con un poco de temor; puesto que no se tiene suficiente seguridad en tales circunstancias.
El hecho es que, después de nose cuánto tiempo, advertí que mi abuela había retornado de su sueño con la dificultad estrepitosa del aterrizaje de un avión.
Cuando pudo volver en sí y recobrar un poco de lúcidez, me contó íntimamente que había estado en un bonito lugar con "Mami" ( su madre), y sus hermanas, que no sabía exactamente qué había pasado, pero que por un momento todo había sido nítido y real, que creía de verdad haber estado en un lugar reunída felizmente con sus querídos y amados seres.
Yo creí. Creí fielmente su historia al pie de la letra. Creí que mi abuela había vivido ese momento, no importaba en que lugar. Exageré mi creencia e incluso creí que de haberlo querído, ella hubiera podido abandonarse a vivir por siempre lo que me contaba y no volver jamás, me lo confirmaban la asombrada expresión de su rostro y el timbre de su voz jadeante y sesante.
Desde aquel día, tuve una compresión más clara de los sueños y de la imaginación que es una forma de soñar despiertos , gracias a mi abuela.
Verán, a veces imagino que es un caluroso día de verano y estoy mirando desde afuera, a través de la la diáfana vitrina de un restaurante cercano a "Campos Eliseos" o de un lugar que genera el mismo sentimiento, a una mujer que está sola, en una mesa, rodeada de gente que siempre se ve alegre y esta bien.
Sé que ella ha estado mirando durante mucho tiempo la entrada. Al parecer, está esperando a que alguien venga. Con desgano, se manda el primer rollito que ha hecho lentamente con el trinche en su plato de spaghetti. Mientras mastica, examina el vestido gris-plata que trae puesto. Es evidente que la han dejado plantada.
Yo creo que uno de éstos días mi imaginación me dará tanto como para entrar y decirle que "no se ve nada bien" , que "no espere más" que

2 comentarios:
Soñar sigue siendo soñar. Una palabra bonita, con S, dificl de escribir mal (para mi fortuna), una palabra que refleja mucho de todos y no dice nada real.
Me entristecio un poco lo de tu abuela. Y me recordo mi abuelo. No teniamos una relacion muy estrecha, pero fue dura la enfermedad... o al menos a mi me alivio que muriera despues de verlo como estaba...
En fin :)
Sabés Abs? Te diré algo, pero que quede entre nosotros.
Me siento más que orgulloso, privilegiado por haber sido el nieto más querído de mi abuela.
Y creo que en este momento no me sentiría bien, sí no supiera de alguna u otra manera, que ella se entregó verdaderamente a su sueño. Por eso estoy deacuerdo también contigo con lo del alivio.
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