"-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?" (Franz Kafka, Ante la Ley)
Tenía dieciséis años cuando me topé por primera vez con las lecturas Kafkianas gracias a mi austero, pulcro y serio profesor de Lengua Castellana: Mario Cardona.
Siendo mi lectura inaugural, "La metamorfosis", jamás me imaginé que ésta pudiera llegar a tener un significado más trascendental en mi vida, que el simple comentario de una niña, un grado superior al mío en la biblioteca de colegio:
"Es un libro bien aburridor tanto como el profesor... Creo que se trata... De un hombre que un día se despierta convertido en una especie de... Cucaracha! El hombre y su familia se preocupan demasiado... Y a la final, la historia gira nada más alrededor de ésto".
De todas formas, a pesar del no muy prometedor comentario de mi compañera, me introduje en la lectura de éste y me daba cuenta como a medida que avanzaba, crecía cada vez más mi interés por el autor y su obra, e iba viendo con mayor escepticismo la espeluznante apreciación de mi compañera... Y ahora que lo pienso detalladamente, tal vez, esa sea la raíz de mi prólogofobia.
Franz Kafka, es descrito por Borges, en su "Biblioteca Personal", como "nuestro atormentado escritor del siglo XX". Un autor bastante enigmático, la verdad. Incluso, me causa cierto grado de dificultad y temor referirme a su vida y a su obra puesto que se ha derrochado un mar de tinta y existe un sinfín de anaqueles sobre las mismas, tanto que, Gabo Márquez, nuestro veintiúnico nobel colombiano, ha reconocido públicamente en entrevistas, la influencia desgarradora que éste ha ejercido en la concepción de su obra. Basta con leer el comienzo de "La metamorfosis" y "Crónica de una muerte anunciada" al unísono, para descubrirlo.
Pero más que hablar bibliobiograficatécnicamente de Kafka (para eso están los sabios y eruditos kafkianos), quisiera continuar relatando mi experiencia Kafkiana.
Como lo mencionaba antes, fue el profesor Mario Cardona quien me incitó al aterrador, conmovedor y paradójico mundo Kafkiano. El profesor Mario, siempre fue y será para mí, un maestro ejemplar. Hombre reservado, ordenado y callado (con el sapiencial silencio), buen lector, decía que un licenciado en literatura confiable debería haber leído en promedio unas mil quinientas o mil seiscientas obras literarias, además abogado, al parecer sin ejercicio, la única vez que recuerdo empleó la Ley, fue para asentir la acotación de otro profesor acerca de la existencia de un artículo en la Constitución (15) que hacía referencia a la protección del "buen nombre", ya que una compañera de clases estaba siendo vitupereada por ciertos rumores de pasillo. Con su voz nasal, fue al primero que le vi utilizar la palabra "Nnnoción" en el tablero, hablar de "El Diccionario" como un amigo inseparable y al que había que leer como se leía cualquier otro libro, y quizás, que le vio sonreír.
Fue con el profesor Mario, con quien realicé uno de mis primeros ensayos sobre "La metamorfosis" de Kafka y obtuve la máxima nota: Excelente. Cosa extraña, puesto que era conocido por ser hombre severo (casi un tirano), en cuestiones de evaluación y el estudiante que más se acercaba a algo que pudiera convencerlo, era merecedor tan sólo de un Bueno.
Sin embargo, a lo mejor y haya sido una afirmación que subrayó en mi escrito, la que pienso pudo haber motivado su calificación: "No me parece que Gregorio Samsa sea realmente la alimaña que todos creen, las alimañas son todos aquellos que lo rodean, empezando por su padre y su hermana". Más adelante, encerró en un círculo la palabra "reblujo", una palabra que consideraba en ese entonces, bien dicha y bien escrita y con la cual me ufanaba de designar adecuadamente la habitación de Samsa. Hoy, necesariamente cuando oigo o leo ésta palabra, mi memoria me remite a esa garrafal equivocación en mi ensayo, pero también a Samsa, a Kafka, al dulce recuerdo de mis primeros años de aprendizaje y por supuesto, a mi impecable profesor de Lengua Castellana.
Como decía, Mario jamás hizo mayor alusión a la Ley. La Ley que tanto me han enseñado: "inequívoca, expresa y clara". La Ley a la que necesariamente hoy, me toca aludir a mí. La Ley que me ha provocado a hacer esta entrada como también me ha provocado: libia, una mujer al frente mío que está lívida más no, libida.
Indudablemente, Libia ha sido víctima del Conflicto Armado Colombiano. Pero más directamente lo han sido sus cuatro hijos, pero aún más directamente lo ha sido de la Ley.
Según Manuel Atienza, Filosofo del Derecho Español, existen tres tipos de casos: fáciles, difíciles y (agrega), trágicos. Correspondiendo el de Libia a uno de éstos últimos.
Libia casi ni puede caminar, a causa de su temprano desplazamiento desde el Municipio de Itagüí hasta el centro de Medellín, para ser atendida. En sus ojos, se advierten la agonía, el desespero, la desesperanza, la angustia, todos los sentimientos contradictorios que puedan agobiar el alma humana.
Ésta mujer, de sesenta años, ha buscado incansablemente por el lapso de cuatro de los mismos, ser Reparada por el suceso de sus hijos. Sobretodo de Yorman, "Yormitan! el menor... Todos mis hijos fueron unas bellezas conmigo, pero ninguno como mi Yormitan..." balbucea, mientras mira la foto de una figura de un niño y sus lágrimas se confunden con su sudor.
Ha sacado de su bolsa, una carpeta de flores de colores, vieja y derruída que la ha acompañado éstos últimos años. En ella, hay papeles, certificados, registros, peticiones, consideraciones, negaciones... De un momento a otro, ha inundado el escritorio.
Qué más hay que hacer?- pregunta.
Nada-respondo- No hay nada más que hacer, se han agotado todos los recursos.
Libia, está deshecha en llanto, se ha tendido sobre el escritorio. Mientras, todos la observámos como una especie de "alimaña"... ¿alimaña? Oh oh! ésto creo que me recuerda algo...
Datos personales
- SS
- Comenzaré diciendo que tengo nombre de niño, (o ultimamente de peluquería) quizás porque soy el menor de mi familia y papá me confesó a la final que optó por ese nombre gracias al Apóstol Santiago "EL Menor". La edad? No me importa, ya que me tomé muy enserio eso de que "el tiempo no pasa sino que somos nosotros los que pasamos en el tiempo" lo que quiere decir que sino hay tiempo, no hay años ni demás y... no hay edad. Me gusta leer, unas veces buenos libros otras no, me gusta escribir, unas veces bien, otras no tanto. En fín ... sólo tengo la certeza de que la escritura empezó en mi vida, primero por burla y segundo por un mero instinto. Aunque la verdad, hubiera preferido seguir con lo primero. No es que crea que haya errado mi destino, no, aún guardo las esperanzas de volverlo a hacer. No quiero seguir hablando porque, (como se darán cuenta) no se qué es pero siempre quiero acabar... Además estoy convencido de que las cosas hablan en realidad por uno mismo, y yo soy experto en dejar que eso pase para en ocasiones evitar decir algo.
2 comentarios:
Con el corazón y el alma lívida...Lívida por el actuar de la Ley..."inequívoca, expresa y clara" ...
eres tu... Violet? La de Charlie and the Chocolate Factory?
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