Es sólo un capricho de la imaginación. Y en éste caso, el capricho de un hombre que necesita del mito. El mito del Ave Fénix. Siempre me he preguntado cómo es posible que me haya cautivado tal mito, es decir, que aún lo recuerde o mal recuerde, (y aquí aprovecho para recordar) que Borges dudaba acerca de la fidelidad de lo que se recordaba, "no es igual" decía. Es por ésto que quizas, posea una vaga idea o un invento de lo que es o significa para mí el mito del Ave Fénix.
Cuando escuchaba de éste mito, era imposible quedar consternado. A lo mejor por el simple hecho de pensar que era un Ave que aparecía y desaparecía de las cenizas cada quinientos años... pero, ese no era el problema; el problema era, ¿cómo iba yo a sobrevivir quinientos años para verlo ó en qué fecha aparecería?, ¿cómo saberlo? Privilegiados aquellos que llegaron a saber del Fénix y pudieron contar aquello que vieron. Igualmente me alegro por los que vendrán y también lo harán. Yo tengo mi versión.
El Ave Fénix no es inmortal. Primero, porque no es hombre y segundo, porque es etéreo... Es algo así como un error de fabrica que trae sus ventajas. Muere para vivir y viceversa, sin el problema humano de qué pasa más acá o más allá de la muerte. Problema resuelto. Sí digo "ida", es porque posee una especie de ida y venida, sin pretextos, tiempo, modo o lugar... por eso le queda imposible explicarle a una mujer u hombre el por qué de las violaciones de sus pactos sagrados; además no posee automóvil, (mucho menos) móvil ni un bonito labial.
El Ave Fénix es una cosa extraña, la verdad, no es mala. Una vez se apareció a un hombre sentenciado a morir en La Horca, sólo lo salvó en un sueño y a la final... el hombre sólo murió ahorcado. Cómo decía, pienso que ésta Ave logró encontrar la fórmula química ideal perfecta para evadir el temor, el miedo, el impuesto...
Se los contaré:
La primera y única vez que lo ví. No recuerdo. ¿Desaparecía? No recuerdo. Le ví cansado, angustiado solitario Ave Fenix, "gajes del oficio" andar por ahí, errabundo, sin nadie cada quinientos años... Me he atrevido a inventarle algo más que un amor , un amor suicida que se muera de sida, que se muera de lo que se muera, pero que se muera.
Le he inventado un Fenix-ida y además el placer de no verme vivir cien ni quinientos años.
Cuando escuchaba de éste mito, era imposible quedar consternado. A lo mejor por el simple hecho de pensar que era un Ave que aparecía y desaparecía de las cenizas cada quinientos años... pero, ese no era el problema; el problema era, ¿cómo iba yo a sobrevivir quinientos años para verlo ó en qué fecha aparecería?, ¿cómo saberlo? Privilegiados aquellos que llegaron a saber del Fénix y pudieron contar aquello que vieron. Igualmente me alegro por los que vendrán y también lo harán. Yo tengo mi versión.
El Ave Fénix no es inmortal. Primero, porque no es hombre y segundo, porque es etéreo... Es algo así como un error de fabrica que trae sus ventajas. Muere para vivir y viceversa, sin el problema humano de qué pasa más acá o más allá de la muerte. Problema resuelto. Sí digo "ida", es porque posee una especie de ida y venida, sin pretextos, tiempo, modo o lugar... por eso le queda imposible explicarle a una mujer u hombre el por qué de las violaciones de sus pactos sagrados; además no posee automóvil, (mucho menos) móvil ni un bonito labial.
El Ave Fénix es una cosa extraña, la verdad, no es mala. Una vez se apareció a un hombre sentenciado a morir en La Horca, sólo lo salvó en un sueño y a la final... el hombre sólo murió ahorcado. Cómo decía, pienso que ésta Ave logró encontrar la fórmula química ideal perfecta para evadir el temor, el miedo, el impuesto...
Se los contaré:
La primera y única vez que lo ví. No recuerdo. ¿Desaparecía? No recuerdo. Le ví cansado, angustiado solitario Ave Fenix, "gajes del oficio" andar por ahí, errabundo, sin nadie cada quinientos años... Me he atrevido a inventarle algo más que un amor , un amor suicida que se muera de sida, que se muera de lo que se muera, pero que se muera.
Le he inventado un Fenix-ida y además el placer de no verme vivir cien ni quinientos años.

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