Datos personales

Mi foto
Comenzaré diciendo que tengo nombre de niño, (o ultimamente de peluquería) quizás porque soy el menor de mi familia y papá me confesó a la final que optó por ese nombre gracias al Apóstol Santiago "EL Menor". La edad? No me importa, ya que me tomé muy enserio eso de que "el tiempo no pasa sino que somos nosotros los que pasamos en el tiempo" lo que quiere decir que sino hay tiempo, no hay años ni demás y... no hay edad. Me gusta leer, unas veces buenos libros otras no, me gusta escribir, unas veces bien, otras no tanto. En fín ... sólo tengo la certeza de que la escritura empezó en mi vida, primero por burla y segundo por un mero instinto. Aunque la verdad, hubiera preferido seguir con lo primero. No es que crea que haya errado mi destino, no, aún guardo las esperanzas de volverlo a hacer. No quiero seguir hablando porque, (como se darán cuenta) no se qué es pero siempre quiero acabar... Además estoy convencido de que las cosas hablan en realidad por uno mismo, y yo soy experto en dejar que eso pase para en ocasiones evitar decir algo.

lunes, 10 de diciembre de 2012

es miiii derecho

Aprender más de la vida que del derecho... 

Es lo que he aprendido en éste último tiempo. 

Recuerdo aquella vez en que le pregunté con fervoroso ahínco a uno de mis maestros "¿Será mejor ser profesional de la vida o profesional del derecho?" me miró fijamente a los ojos y sin vacilar respondió: "Mejor las dos". 

Recientemente, me he enterado que el código de Hammurabi pretendía representar la vida de la sociedad de la antigua Mesopotomia. Representar, por no decir, recopilar. 

La vida en un libro de derecho. El fundamento de la vida en el derecho. 

Cuántas cosas, he aprendido en estos últimos años. Y cuánto me gustaría optar más por la vida que por el derecho.

Con mi vida, me doy cuenta que hago derecho pero también sé que no hago la vida sino el réves del derecho

En la enseñanza del derecho he aprendido las formas más degenerativas de gobierno. Según clasifica Aristóteles, si a la oligarquía y no la aristocracia, si a los absolutismos y no a las monarquías, hagáse la demagogia y no la democracia. Y de plutocracias... ni se diga!

Hoy puedo decir, quizás medio vivo pero con orgullo, que ha éste pájaro no le cortaron las alas... que tal vez... sí, las tuvo amarradas por una larga temporada.

Una vez, fue la vida, luego el derecho. El derecho me sacó de la vida y la vida me puso en el derecho. El derecho: arma de doble filo, te sensibiliza o te mecaniza. 

Si Virginia Woolf escribió "siempre las horas", yo escribo "siempre la vida" y la vida es un derecho humano fundamental y lo mejor de todo es que... Es miiii derecho! y por tanto...
 
Estoy en TODO miiii derecho
   

 



 
    

sábado, 22 de septiembre de 2012

La Ex-cusa perfecta





"Porque Ricardo González sigue yendo a cine"
El Espectador (A.Caicedo) 


a mi Padre

y

a Ma'bro

 


Ultimamente, hago si no pensar en mis primeras idas a cine.

Mis primeras películas las disfruté al lado de mi padre, en el teatro "libia" y el "odeon de la ochenta". Dos de los rezagados teatros de la época que sobrevivieron a la catastrófica iconoclasta ciudad de Medellín. 

Recuerdo que dos de los películas que me vi frecuentando estos teatros fueron: el evagenlio según "forrest Gump" y "el último de los mohicanos". Eran "días azules", en los que la soledad no era evidente por la infancia apacible. 

Papá me contaba que en sus tiempos, en los teatros de la Medellín de los años setenta y ochenta (el teatro junín, teatro roma, teatro la victoria, teatro colombia, teatro lido,...) una veintena. Eran largas las filas de gente ávida por ver "el cine de calidad" y vanguardia. 

Decía, que si la película no tenía buena acogida entre los espectadores, éstos tenían el atrevimiento de tirar huevos, lechugas y tomates (que no se sabía de donde salían), a la pantalla. Pateaban las butacas, gritaban, chifliaban, reclamaban el valor de la boleta. Sufrían un ataque de locura.   

Siempre me imagino esa escena envuelta en una polvareda, el público de "destinitos fatales" de Andrés Caicedo, mucho rock and roll, heroína, abundante pelo, botas y ojos agotados.

Lo que más me gustaba del relato. Es decir, esto me gustaba, pero mucho mas... 

Es que cuando la película tenía buena receptiva, al final, la gente levantaba una ovación, estrepitosos aplausos con los que significaban que había sido una muy pero muy buena película. 

A veces, por temporadas, me ánimo a ir a uno que otro cineclub de la ciudad. Quizás en los tiempos en que más solo me encuentro porque "dónde mejor se práctica el ritmo de la soledad, es en los cines" y si que me ha tocado aprender a sabotear los cines. 

Unas veces, he querido hacer mis pataletas y otras, más que cualquier otra cosa en el mundo, he querido aplaudir con todas mis fuerzas.

Sé que inútilmente me he cohibido porque nadie conoce mi historia y por temor a quedar como el autista que todos saben. No existen lenguajes propios, a no ser del que quiera abandonarse al verdadero "elogio de la locura" y además, porque creo... Todavía no me toca el turno.   

Esta noche, ha sido distinto... Ha sido mi noche.

Sin darme cuenta, con un sin número de personas, he llegado a un consenso en un mismo escenario. 

Buster Keaton, "The General", en la interpretación del director ruso Guerassim Voroncov. Resultan ser mi excusa perfecta para reír, para llorar y participar de la "batalla final", no solo con mis duros y ruidosos aplausos sino sobretodo, sin la preocupación de que alguien pueda acusarme de estar padeciendo un antiguo ataque de locura.     








  

lunes, 10 de septiembre de 2012

conjunción

me siento mal.  quiero decir, con mal a voluntad. mala voluntad se conjuga: malevolencia.  

miércoles, 11 de julio de 2012

Ohculta presencia

El que lleve tiempo de los tiempos sin presentar signos de vida en este blog, no indica que haya dejado de escribir, es decir, de vivir.  Ya que... como hace poco le escuché decir a Piedad Bonnett:


"existen dos clases de personas en el mundo: Las que tranquilamente pueden vivir sin escribir y las que no pueden vivir sin la necesidad de hacerlo (y no necesariamente, los últimos tienen que ser escritores porque hay quienes lo hacen en lo oculto)".  

Por eso, de acuerdo con la acotación final de la "feminista" escritora colombiana, bien me he resuelto toda esta larga temporada, a realizarme en el ocultismo, deleitándome en el anonimato a pesar de las muertes de mis... ¿Lectores?   

¿Aún siguen ahí?


Igual, mejor sigo creyendo que continúo en el ocultismo y que éste, es tan sólo un ejercicio público que se hace; como la natación, el atletismo o la bicicleta... Y al que finalmente me le mido tratando... Haber sí todavía queda por ahí un moribundo. 

Estás?

miércoles, 30 de noviembre de 2011

alimaña

"-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?" (Franz Kafka, Ante la Ley)



Tenía dieciséis años cuando me topé por primera vez con las lecturas Kafkianas gracias a mi austero, pulcro y serio profesor de Lengua Castellana: Mario Cardona.

Siendo mi lectura inaugural, "La metamorfosis", jamás me imaginé que ésta pudiera llegar a tener un significado más trascendental en mi vida, que el simple comentario de una niña, un grado superior al mío en la biblioteca de colegio:

"Es un libro bien aburridor tanto como el profesor... Creo que se trata... De un hombre que un día se despierta convertido en una especie de... Cucaracha! El hombre y su familia se preocupan demasiado... Y a la final, la historia gira nada más alrededor de ésto".

De todas formas, a pesar del no muy prometedor comentario de mi compañera, me introduje en la lectura de éste y me daba cuenta como a medida que avanzaba, crecía cada vez más mi interés por el autor y su obra, e iba viendo con mayor escepticismo la espeluznante apreciación de mi compañera... Y ahora que lo pienso detalladamente, tal vez, esa sea la raíz de mi prólogofobia.

Franz Kafka, es descrito por Borges, en su "Biblioteca Personal", como "nuestro atormentado escritor del siglo XX". Un autor bastante enigmático, la verdad. Incluso, me causa cierto grado de dificultad y temor referirme a su vida y a su obra puesto que se ha derrochado un mar de tinta y existe un sinfín de anaqueles sobre las mismas, tanto que, Gabo Márquez, nuestro veintiúnico nobel colombiano, ha reconocido públicamente en entrevistas, la influencia desgarradora que éste ha ejercido en la concepción de su obra. Basta con leer el comienzo de "La metamorfosis" y "Crónica de una muerte anunciada" al unísono, para descubrirlo.

Pero más que hablar bibliobiograficatécnicamente de Kafka (para eso están los sabios y eruditos kafkianos), quisiera continuar relatando mi experiencia Kafkiana.

Como lo mencionaba antes, fue el profesor Mario Cardona quien me incitó al aterrador, conmovedor y paradójico mundo Kafkiano. El profesor Mario, siempre fue y será para mí, un maestro ejemplar. Hombre reservado, ordenado y callado (con el sapiencial silencio), buen lector, decía que un licenciado en literatura confiable debería haber leído en promedio unas mil quinientas o mil seiscientas obras literarias, además abogado, al parecer sin ejercicio, la única vez que recuerdo empleó la Ley, fue para asentir la acotación de otro profesor acerca de la existencia de un artículo en la Constitución (15) que hacía referencia a la protección del "buen nombre", ya que una compañera de clases estaba siendo vitupereada por ciertos rumores de pasillo. Con su voz nasal, fue al primero que le vi utilizar la palabra "Nnnoción" en el tablero, hablar de "El Diccionario" como un amigo inseparable y al que había que leer como se leía cualquier otro libro, y quizás, que le vio sonreír.

Fue con el profesor Mario, con quien realicé uno de mis primeros ensayos sobre "La metamorfosis" de Kafka y obtuve la máxima nota: Excelente. Cosa extraña, puesto que era conocido por ser hombre severo (casi un tirano), en cuestiones de evaluación y el estudiante que más se acercaba a algo que pudiera convencerlo, era merecedor tan sólo de un Bueno.

Sin embargo, a lo mejor y haya sido una afirmación que subrayó en mi escrito, la que pienso pudo haber motivado su calificación: "No me parece que Gregorio Samsa sea realmente la alimaña que todos creen, las alimañas son todos aquellos que lo rodean, empezando por su padre y su hermana". Más adelante, encerró en un círculo la palabra "reblujo", una palabra que consideraba en ese entonces, bien dicha y bien escrita y con la cual me ufanaba de designar adecuadamente la habitación de Samsa. Hoy, necesariamente cuando oigo o leo ésta palabra, mi memoria me remite a esa garrafal equivocación en mi ensayo, pero también a Samsa, a Kafka, al dulce recuerdo de mis primeros años de aprendizaje y por supuesto, a mi impecable profesor de Lengua Castellana.

Como decía, Mario jamás hizo mayor alusión a la Ley. La Ley que tanto me han enseñado: "inequívoca, expresa y clara". La Ley a la que necesariamente hoy, me toca aludir a mí. La Ley que me ha provocado a hacer esta entrada como también me ha provocado: libia, una mujer al frente mío que está lívida más no, libida.

Indudablemente, Libia ha sido víctima del Conflicto Armado Colombiano. Pero más directamente lo han sido sus cuatro hijos, pero aún más directamente lo ha sido de la Ley.
Según Manuel Atienza, Filosofo del Derecho Español, existen tres tipos de casos: fáciles, difíciles y (agrega), trágicos. Correspondiendo el de Libia a uno de éstos últimos.

Libia casi ni puede caminar, a causa de su temprano desplazamiento desde el Municipio de Itagüí hasta el centro de Medellín, para ser atendida. En sus ojos, se advierten la agonía, el desespero, la desesperanza, la angustia, todos los sentimientos contradictorios que puedan agobiar el alma humana.
Ésta mujer, de sesenta años, ha buscado incansablemente por el lapso de cuatro de los mismos, ser Reparada por el suceso de sus hijos. Sobretodo de Yorman, "Yormitan! el menor... Todos mis hijos fueron unas bellezas conmigo, pero ninguno como mi Yormitan..." balbucea, mientras mira la foto de una figura de un niño y sus lágrimas se confunden con su sudor.
Ha sacado de su bolsa, una carpeta de flores de colores, vieja y derruída que la ha acompañado éstos últimos años. En ella, hay papeles, certificados, registros, peticiones, consideraciones, negaciones... De un momento a otro, ha inundado el escritorio.

Qué más hay que hacer?- pregunta.

Nada-respondo- No hay nada más que hacer, se han agotado todos los recursos.

Libia, está deshecha en llanto, se ha tendido sobre el escritorio. Mientras, todos la observámos como una especie de "alimaña"... ¿alimaña? Oh oh! ésto creo que me recuerda algo...



























































































miércoles, 7 de septiembre de 2011

HAGAMOS POLÍTICA JUNTOS

“Idiota: Del griego idiotez, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.”(F. Savater).

A medida que pasa el tiempo... Cada vez más, una vez más, me convenzo que esto de procurar ser abogado consiste en una palabra más o una palabra menos, puro “uso del lenguaje” como diría el crítico administrativista David Suárez. Por eso, amigo mío, tu argumentas que eres un ser “apolítico” y yo contrargumento que eres un ser apoliticamente “idiota”, ahora y cuanto más que transitamos por época de elecciones. Cero y van dos. La otra vez, la mejor de todas fue: “A mí me gusta el derecho pero no la política”. Cuando “derecho y poder son dos caras de una misma moneda” (Bobbio). Entiéndase poder, como poder político. Si desde la antigüedad, sabemos que no solo somos “Zoon” como son éstos últimos, sino que somos “Zoon” pero “ZoonPolitikon” (Animales Politicos), por naturaleza. Me preguntas qué si hago política. La respuesta es sí, todo el tiempo. Inevitable sería no sentir el furor del impulso transformador que se refleja en el ejercicio de la inteligencia humana a través de la fuerza de las ideas, los argumentos, las bellas artes bellas… Todo es político, tan político… Hasta lo que menos imaginámos: Un saludo, una oración, un difunto, un beso, un peso… Por eso, amigo mío, por eso y nada más que eso, tú tienes la firme convicción de que eres un ser “apolitico” y yo, la que realmente eres un ser apoliticamente “idiota”. Es decir, HACEMOS POLÍTICA JUNTOS y tú no lo sabes.