Datos personales

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Comenzaré diciendo que tengo nombre de niño, (o ultimamente de peluquería) quizás porque soy el menor de mi familia y papá me confesó a la final que optó por ese nombre gracias al Apóstol Santiago "EL Menor". La edad? No me importa, ya que me tomé muy enserio eso de que "el tiempo no pasa sino que somos nosotros los que pasamos en el tiempo" lo que quiere decir que sino hay tiempo, no hay años ni demás y... no hay edad. Me gusta leer, unas veces buenos libros otras no, me gusta escribir, unas veces bien, otras no tanto. En fín ... sólo tengo la certeza de que la escritura empezó en mi vida, primero por burla y segundo por un mero instinto. Aunque la verdad, hubiera preferido seguir con lo primero. No es que crea que haya errado mi destino, no, aún guardo las esperanzas de volverlo a hacer. No quiero seguir hablando porque, (como se darán cuenta) no se qué es pero siempre quiero acabar... Además estoy convencido de que las cosas hablan en realidad por uno mismo, y yo soy experto en dejar que eso pase para en ocasiones evitar decir algo.

miércoles, 11 de julio de 2012

Ohculta presencia

El que lleve tiempo de los tiempos sin presentar signos de vida en este blog, no indica que haya dejado de escribir, es decir, de vivir.  Ya que... como hace poco le escuché decir a Piedad Bonnett:


"existen dos clases de personas en el mundo: Las que tranquilamente pueden vivir sin escribir y las que no pueden vivir sin la necesidad de hacerlo (y no necesariamente, los últimos tienen que ser escritores porque hay quienes lo hacen en lo oculto)".  

Por eso, de acuerdo con la acotación final de la "feminista" escritora colombiana, bien me he resuelto toda esta larga temporada, a realizarme en el ocultismo, deleitándome en el anonimato a pesar de las muertes de mis... ¿Lectores?   

¿Aún siguen ahí?


Igual, mejor sigo creyendo que continúo en el ocultismo y que éste, es tan sólo un ejercicio público que se hace; como la natación, el atletismo o la bicicleta... Y al que finalmente me le mido tratando... Haber sí todavía queda por ahí un moribundo. 

Estás?

miércoles, 30 de noviembre de 2011

alimaña

"-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?" (Franz Kafka, Ante la Ley)



Tenía dieciséis años cuando me topé por primera vez con las lecturas Kafkianas gracias a mi austero, pulcro y serio profesor de Lengua Castellana: Mario Cardona.

Siendo mi lectura inaugural, "La metamorfosis", jamás me imaginé que ésta pudiera llegar a tener un significado más trascendental en mi vida, que el simple comentario de una niña, un grado superior al mío en la biblioteca de colegio:

"Es un libro bien aburridor tanto como el profesor... Creo que se trata... De un hombre que un día se despierta convertido en una especie de... Cucaracha! El hombre y su familia se preocupan demasiado... Y a la final, la historia gira nada más alrededor de ésto".

De todas formas, a pesar del no muy prometedor comentario de mi compañera, me introduje en la lectura de éste y me daba cuenta como a medida que avanzaba, crecía cada vez más mi interés por el autor y su obra, e iba viendo con mayor escepticismo la espeluznante apreciación de mi compañera... Y ahora que lo pienso detalladamente, tal vez, esa sea la raíz de mi prólogofobia.

Franz Kafka, es descrito por Borges, en su "Biblioteca Personal", como "nuestro atormentado escritor del siglo XX". Un autor bastante enigmático, la verdad. Incluso, me causa cierto grado de dificultad y temor referirme a su vida y a su obra puesto que se ha derrochado un mar de tinta y existe un sinfín de anaqueles sobre las mismas, tanto que, Gabo Márquez, nuestro veintiúnico nobel colombiano, ha reconocido públicamente en entrevistas, la influencia desgarradora que éste ha ejercido en la concepción de su obra. Basta con leer el comienzo de "La metamorfosis" y "Crónica de una muerte anunciada" al unísono, para descubrirlo.

Pero más que hablar bibliobiograficatécnicamente de Kafka (para eso están los sabios y eruditos kafkianos), quisiera continuar relatando mi experiencia Kafkiana.

Como lo mencionaba antes, fue el profesor Mario Cardona quien me incitó al aterrador, conmovedor y paradójico mundo Kafkiano. El profesor Mario, siempre fue y será para mí, un maestro ejemplar. Hombre reservado, ordenado y callado (con el sapiencial silencio), buen lector, decía que un licenciado en literatura confiable debería haber leído en promedio unas mil quinientas o mil seiscientas obras literarias, además abogado, al parecer sin ejercicio, la única vez que recuerdo empleó la Ley, fue para asentir la acotación de otro profesor acerca de la existencia de un artículo en la Constitución (15) que hacía referencia a la protección del "buen nombre", ya que una compañera de clases estaba siendo vitupereada por ciertos rumores de pasillo. Con su voz nasal, fue al primero que le vi utilizar la palabra "Nnnoción" en el tablero, hablar de "El Diccionario" como un amigo inseparable y al que había que leer como se leía cualquier otro libro, y quizás, que le vio sonreír.

Fue con el profesor Mario, con quien realicé uno de mis primeros ensayos sobre "La metamorfosis" de Kafka y obtuve la máxima nota: Excelente. Cosa extraña, puesto que era conocido por ser hombre severo (casi un tirano), en cuestiones de evaluación y el estudiante que más se acercaba a algo que pudiera convencerlo, era merecedor tan sólo de un Bueno.

Sin embargo, a lo mejor y haya sido una afirmación que subrayó en mi escrito, la que pienso pudo haber motivado su calificación: "No me parece que Gregorio Samsa sea realmente la alimaña que todos creen, las alimañas son todos aquellos que lo rodean, empezando por su padre y su hermana". Más adelante, encerró en un círculo la palabra "reblujo", una palabra que consideraba en ese entonces, bien dicha y bien escrita y con la cual me ufanaba de designar adecuadamente la habitación de Samsa. Hoy, necesariamente cuando oigo o leo ésta palabra, mi memoria me remite a esa garrafal equivocación en mi ensayo, pero también a Samsa, a Kafka, al dulce recuerdo de mis primeros años de aprendizaje y por supuesto, a mi impecable profesor de Lengua Castellana.

Como decía, Mario jamás hizo mayor alusión a la Ley. La Ley que tanto me han enseñado: "inequívoca, expresa y clara". La Ley a la que necesariamente hoy, me toca aludir a mí. La Ley que me ha provocado a hacer esta entrada como también me ha provocado: libia, una mujer al frente mío que está lívida más no, libida.

Indudablemente, Libia ha sido víctima del Conflicto Armado Colombiano. Pero más directamente lo han sido sus cuatro hijos, pero aún más directamente lo ha sido de la Ley.
Según Manuel Atienza, Filosofo del Derecho Español, existen tres tipos de casos: fáciles, difíciles y (agrega), trágicos. Correspondiendo el de Libia a uno de éstos últimos.

Libia casi ni puede caminar, a causa de su temprano desplazamiento desde el Municipio de Itagüí hasta el centro de Medellín, para ser atendida. En sus ojos, se advierten la agonía, el desespero, la desesperanza, la angustia, todos los sentimientos contradictorios que puedan agobiar el alma humana.
Ésta mujer, de sesenta años, ha buscado incansablemente por el lapso de cuatro de los mismos, ser Reparada por el suceso de sus hijos. Sobretodo de Yorman, "Yormitan! el menor... Todos mis hijos fueron unas bellezas conmigo, pero ninguno como mi Yormitan..." balbucea, mientras mira la foto de una figura de un niño y sus lágrimas se confunden con su sudor.
Ha sacado de su bolsa, una carpeta de flores de colores, vieja y derruída que la ha acompañado éstos últimos años. En ella, hay papeles, certificados, registros, peticiones, consideraciones, negaciones... De un momento a otro, ha inundado el escritorio.

Qué más hay que hacer?- pregunta.

Nada-respondo- No hay nada más que hacer, se han agotado todos los recursos.

Libia, está deshecha en llanto, se ha tendido sobre el escritorio. Mientras, todos la observámos como una especie de "alimaña"... ¿alimaña? Oh oh! ésto creo que me recuerda algo...



























































































miércoles, 7 de septiembre de 2011

HAGAMOS POLÍTICA JUNTOS

“Idiota: Del griego idiotez, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.”(F. Savater).

A medida que pasa el tiempo... Cada vez más, una vez más, me convenzo que esto de procurar ser abogado consiste en una palabra más o una palabra menos, puro “uso del lenguaje” como diría el crítico administrativista David Suárez. Por eso, amigo mío, tu argumentas que eres un ser “apolítico” y yo contrargumento que eres un ser apoliticamente “idiota”, ahora y cuanto más que transitamos por época de elecciones. Cero y van dos. La otra vez, la mejor de todas fue: “A mí me gusta el derecho pero no la política”. Cuando “derecho y poder son dos caras de una misma moneda” (Bobbio). Entiéndase poder, como poder político. Si desde la antigüedad, sabemos que no solo somos “Zoon” como son éstos últimos, sino que somos “Zoon” pero “ZoonPolitikon” (Animales Politicos), por naturaleza. Me preguntas qué si hago política. La respuesta es sí, todo el tiempo. Inevitable sería no sentir el furor del impulso transformador que se refleja en el ejercicio de la inteligencia humana a través de la fuerza de las ideas, los argumentos, las bellas artes bellas… Todo es político, tan político… Hasta lo que menos imaginámos: Un saludo, una oración, un difunto, un beso, un peso… Por eso, amigo mío, por eso y nada más que eso, tú tienes la firme convicción de que eres un ser “apolitico” y yo, la que realmente eres un ser apoliticamente “idiota”. Es decir, HACEMOS POLÍTICA JUNTOS y tú no lo sabes.

LIN_O ROSA II









































Es mejor disimular que no me gusta para nada esa canción, a los hombres hay que mantenerlos como paracaídas abiertos, para que crean que uno se sostiene por su peso sin vaivenes en el viento. Sí, ya ves que me gusta la canción. Me gusta desde aquel imprevisto. Más bien, desde el peldaño de la escalera… Te acuerdas? Nos miramos fijamente, menos de medio segundo. Tan tonta yo, no pude disimular, tuve que voltear la cara. Viste como volteé la cara? Claro que viste, si me viste?

Pero lo mejor fue el imprevisto. Ahí no hubo nada que disimular. Los parlantes tenían todo el volumen, la sala se inundó con esa canción que no me gusta para nada y tú no te percatabas. La verdad, me causó curiosidad, porque siempre había tenido esa misma perspectiva, de ponerme los audífonos y ver la gente pasar… La gente pasando a través de la música que tanto me gusta. Varias veces lo he hecho, sí, aislarme del mundo para dedicarme a la música. Aunque, no consista simplemente en aislarse, sino en que el mundo siga siendo mientras le pongo música.

Pero contigo era distinto, era otra la perspectiva, y quizás no lo haya advertido porque poco a poco he ido olvidando lo que aprendí de niña, que la vida es un caleidoscopio, en donde todo depende según lo mires. Ahora eras tú quien tenía los audífonos mientras yo estaba en el mundo oyendo tu música sin darte cuenta… La música que tú le ponías al mundo. Todos se miraron en la sala por esa canción que fue entrando len-ta-men-te sua-ve-men-te… No lo entendí al instante, porque no puedo negar que casi siempre llevo una melodía muy dentro de mí y esta vez, parecía la misma confusión sucedida entre realidad-ficción pero provocada por un trance entre ésta y tu canción.

Cuando desperté, me di cuenta que tenía algo que hacer, obviamente no podía disimular. No en ese momento. Tu canción era la botella que se quiebra en las fiestas nocturnas y que deja al descubierto la descarada embriaguez. Sin explicación a lo inevitable. Me acerqué a ti, estabas sentado con la infructuosa creencia de permanecer aislado del mundo… Te toqué, te toqué, te retoqué. “No puede ser el mundo tu canción aunque sea bonita la canción” te comenté, no disimulé. Me sonreíste, y luego te abstrajiste como si nada.

Una vez, terminó tu tiempo. Te fuiste y me quedé con el sinsabor en la garganta de no saber el nombre de tu canción. A lo mejor, no porque seas tímido, ya me lo has dicho, sino por pura ingratitud, por el intenso egoísmo que te produce la génesis de mi belleza exterior.

…Y ahora, que ha pasado tanto tiempo, que ya no te recuerdo, ni mucho menos tu canción, esa canción! Quieres que te diga que si? Directamente? Así de frente? Mejor disimular que para nada. Para nada me gusta tu canción. A los hombres no se les puede decir que si, de una vez, porque lo más seguro es que se van y no te aman. Por eso, mejor sigo disimulando que no me gusta para nada tu canción. Para nada, para nada!, no te recuerdo... A ti ni a tu canción.





















































jueves, 11 de agosto de 2011

Dunkin'ando











ju-ju... Tan bonito que se ve mi profesor de "Encuentro de mundos" con su maleta grande y roja comprando "Dunkin' Donuts"...ju-ju

lunes, 8 de agosto de 2011

Tríptico

Hablar de "Vacío", un corto relato del joven suicida Andrés Caicedo, "Annabel lee", una poesía del escritor norteamericano Edgar Allan Poe y "Alicia Adorada", un vallenato de Alejo Durán... Quizás sea hablar de lo mismo.


En "Vacío", es de notar que el personaje se siente vacío. Pero su vacío, no es un vacío de siempre haberse sentido vacío. Es un vacío de haberse sentido lleno, como pasa con aquella "teoría del bienestar" que consiste en admitir la pérdida en razón de lo que una vez se ha tenido... P. ej. recobrar la felicidad a cambio de un constante estado de tristeza como resultado de haber sido feliz alguna vez. De ahí, el vacío del personaje y que nada lo llene, a lo mejor por "estarme tanto tiempo en la casa de Angelita" porque "por primera vez estuvímos juntos una hora" y ahora solo le quede vagar, viendo reflejado su vacío por todas partes: "Vacío Sears... Vacía toda la Avenida Estación... Vacío Deiri Frost... Todo vacío..." Cabe advertir que es su propio vacío, el del personaje, porque de otra forma no aludiría a "esa luna llena que se está llenando desde hace cuatro días y hoy es cuando está más llena" puesto que sabe que para volver a llenarse tendría que regresar pero "yo no podía regresar..." A la casa de su querida Angelita, para así poder dejar de sentir ese vacío que lo quiere matar aunque afirme que "yo no quiero morir tan joven".




















En Annabel Lee, notámos como el poeta se lamenta por estar privado de la que llama "mi querida, mi querida, mi vida, mi novia" la que le ha sido arrebatada por un viento salido de una oscura nube "helando a mi Anabel Lee..." Al parecer, una sirenita que no tiene otro pensamiento que amar y ser amada por él. La poesía es toda una lamentación, una apología al amor que no muere en la tumba, ese amor de Siquem y Dina vengada, es decir, que trasciende pero que ni aún los ángeles ni los demonios "separarán jamás mi alma del alma de la hermosa Anabel Lee". La crítica literaria se ha referido a la riqueza conceptual y metafórica resultante de la lectura del poema en su idioma original (american english), ya que como sabemos, la palabra "bell" significa campana, haciendo el autor una especie de juego fonético entre el nombre de Annabel-Lee y el tintineo de las campanas aunque sea mucho más evidente precisamente en: "The bells", otro de sus poemas.















Mientras que en el caso de "Alicia, Alicia adorada" se vislumbra la tristeza que alberga al cantautor vallenato porque se han llevado a Alicia su compañera y "como Dios en la tierra no tiene amigo'/ como el no tiene amigos quien lo quieran", solo le queda el dolor y el recuerdo de su Alicia adorada en todas sus parrandas... Hay algo bastante particular cuando dice que: "All en Florez de Mara/Donde to'el mundo me quiere" el repara a las mujere y por más que quiere, no halla Alicia la suya. Ésto último tiene un toque como de tragedia griega donde el personaje no puede evitar o renunciar al nefasto destino... Condenado a no encontrar a Alicia la suya.




















Bueno, y para concluir... Juzguen ustedes mejor.